viernes, 3 de enero de 2014

''50 Sombras de Bieber'' Capítulo 17

Capítulo 17


—Sí.

—¿Qué quería?

—Sólo disculparse, tú sabes… por lo del viernes.

Justin entrecierra sus ojos.

—Ya veo —dice simplemente.

Kenny reaparece.

—Señor Bieber, hay un problema con el envío a Darfur.

Justin asiente bruscamente en su dirección.

—¿Charlie Tango está en el aeródromo Boeing?

—Sí, señor. Kenny asiente en mi dirección— Señorita Steele.

Le sonrío tentativamente en respuesta y él se da vuelta y se va.

—¿Vive aquí? ¿Bieber?

—Sí. —Su tono es cortante. ¿Cuál es su problema?

Justin se dirige a la cocina y toma su BlackBerry, dándole un vistazo a algunos correos, asumo. Presiona sus labios en una línea y hace una llamada.

—Ross, ¿cuál es el problema? —suelta. Escucha, observándome, sus ojos mieles están especulativos, mientras yo estoy de pie en el centro de la gran habitación, preguntándome qué hacer conmigo misma, sintiéndome extraordinariamente consciente de mí, fuera de lugar.

—No pondré a ninguna tripulación en riesgo. No, cancélalo… evitaremos el aire en su lugar… Bien. —La calidez en sus ojos ha desaparecido. Parece distraído y mirándome una vez, se dirige a su estudio y vuelve un momento después— Este es el contrato. Léelo y lo discutiremos el próximo fin de semana. Te sugiero que investigues al respecto para que estés al tanto de lo que está en juego. —Hace una pausa—Eso es si estás de acuerdo y de verdad espero que lo estés —agrega, en un tono más suave, ansioso.

—¿Investigar?

—Estarás sorprendida de lo que puedes encontrar en internet —murmura.

¡Internet! No tengo acceso a ninguna computadora, sólo a la laptop de Kate y no podría usar la de Clayton para este tipo de “investigación”, ¿o sí?

—¿Qué pasa? —pregunta, ladeando la cabeza.

—No tengo computadora. Veré si puedo usar la laptop de Kate.

Me entrega un sobre.

—Estoy seguro de que puedo… ehh, prestarte una. Toma tus cosas, iremos de regreso a Portland y almorzaremos algo en el camino. Necesito vestirme.

—Sólo haré una llamada —murmuro. Quiero escuchar la voz de Kate.

Frunce el ceño.

—¿El fotógrafo? —Su quijada se torna rígida y su mirada quema. Lo miro—No me gusta compartir, señorita Steele. Recuérdalo.

El tono de su voz suena como una advertencia, con una larga y fría mirada hacia mí, se dirige de nuevo a la habitación.
Mi.er.da. Sólo quería llamar a Kate, quiero gritarle, pero su repentina frialdad me deja paralizada. ¿Qué ocurrió con el generoso, relajado y sonriente hombre que me estaba haciendo el amor hace menos de una hora?

—¿Lista? —pregunta Justin mientras nos detenemos junto a las puertas dobles del vestíbulo.

Asiento de manera vacilante. Volvió a su personaje distante, amable, tenso, su máscara de nuevo puesta y en marcha. Lleva una bolsa de mensajero de cuero. ¿Por qué necesita eso? Tal vez se quede en Portland y entonces, recuerdo la graduación. Oh, sí... estará allí el jueves. Está usando una chaqueta de cuero negro. Desde luego, no se ve como el multi millonario, billonario, la palabra que sea que termine en “ario”, con esta ropa. Parece un chico en el camino equivocado, tal vez una estrella de rock con mal comportamiento o un modelo de pasarela. Suspiro internamente, deseando tener una décima parte de su aplomo. Es tan tranquilo y controlado. Frunzo el ceño, recordando su exabrupto sobre José... bueno, parece serlo.

Kenny está rondando en el fondo.

—Mañana entonces —le dice a Kenny, quien asiente con la cabeza.

—Sí, señor. ¿Qué automóvil se va a llevar, señor?

Me mira brevemente.

—El R8.

—Buen viaje, señor Bieber. Señorita Steele.

Kenny me mira amablemente, aunque tal vez hay una pizca de piedad oculta en las profundidades de sus ojos.

No hay duda que piensa que he sucumbido a los dudosos hábitos sexuales del señor Bieber. Todavía no, sólo a sus excepcionales hábitos sexuales o tal vez el sexo es así para todo el mundo. Frunzo el ceño ante el pensamiento. No tengo ninguna comparación y no puedo preguntarle a Kate. Eso es algo que voy a tener que tratar con Justin. Es perfectamente natural que deba hablar con alguien y no puedo hablar con él si es tan abierto un minuto y tan distante al siguiente.

Kenny sostiene la puerta abierta para nosotros y nos conduce a través de ella. Justin llama al ascensor.

—¿Qué pasa, ____(tn)? —pregunta. ¿Cómo sabe que estoy analizando algo en mi mente?

Extiende su mano y tira de mi barbilla—Deja de morderte el labio o tendremos sexo en el ascensor y no me importa quién entre con nosotros.

Me sonrojo, pero hay un atisbo de sonrisa en sus labios, finalmente su estado de ánimo parece estar cambiando.

—Justin, tengo un problema.

—¿Ah, sí? —Tengo toda su atención.

El ascensor llega. Entramos y Justinn presiona el botón marcado con una G.

—Bueno. —Me sonrojo. ¿Cómo decir esto?— Tengo que hablar con Kate. Tengo muchas preguntas sobre sexo y estás demasiado involucrado. Si quieres que haga todas estas cosas, ¿cómo puedo saber…? —Hago una pausa, tratando de encontrar las palabras adecuadas—.Simplemente no tengo términos de referencia.

Pone los ojos en blanco en mi dirección.

—Habla con ella si es necesario. —Suena enojado— Asegúrate de que no le menciona nada a Elliot.

Me enfada la insinuación. Kate no es así.

—No haría eso y no te diría nada de lo que me diga de Elliot, si fuera a decirme algo —añado rápidamente.

—Bueno, la diferencia es que yo no quiero saber sobre su vida sexual —murmura Justin secamente—Elliot es un bastardo entrometido. Pero sólo habla acerca de lo que hemos hecho hasta ahora —advierte— Ella probablemente me quitaría mis bolas si supiera lo que quiero hacer contigo —añade en voz tan baja que no estoy segura de haberlo escuchado bien.

—Está bien —acepto con facilidad, sonriéndole, aliviada. La idea de Kate con las bolas de Justin es algo en lo que no quiero pensar.

Sus labios se curvan y niega con la cabeza.

—Cuanto antes tenga tu sumisión, mejor y podemos detener todo esto —murmura.

—Detener, ¿qué?

—Tú, desafiándome. —Estira su mano hacia abajo, ahueca mi barbilla y planta un beso rápido y dulce en mis labios mientras las puertas del ascensor se abren. Toma mi mano y me guía dentro del garaje subterráneo.

Yo, desafiándolo... ¿cómo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario