martes, 28 de enero de 2014

''50 Sombras de Bieber'' Capítulo 25

Capítulo 25




Justin está de pie sobre mí, empuñando una fusta de cuero trenzado. Lleva un Levi’s viejo, descolorido y rasgado, nada más. Toquetea la fusta poco a poco en la palma de su mano mientras me mira. Sonríe, triunfante. No me puedo mover. Estoy desnuda y encadenada, despatarrada en una gran cama con dosel. Estirándose hacia adelante, arrastra la punta de la fusta desde la frente hacia abajo por la longitud de mi nariz, por lo que puedo oler el cuero y sentirlo sobre mis labios abiertos y jadeantes. Empuja la punta en mi boca para que pueda degustar el suave y lujoso cuero.

—Chupa —me ordena con su suave voz. Mi boca se cierra sobre la punta mientras obedezco.

—Basta —dice bruscamente.

Estoy jadeando una vez más cuando él tira la fusta de mi boca y la arrastra por mi barbilla y mi cuello. Él se gira y luego, poco a poco, continúa arrastrando la punta por mi cuerpo, a lo largo de mi esternón, entre mis pechos, por encima de mi torso hasta el ombligo. Estoy jadeando, retorciéndome, tirando en contra de mis esposas que cortan mis muñecas y mis tobillos. Gira la punta alrededor de mi ombligo, luego continúa arrastrando la punta por mi vello púbico y hasta mi clítoris. Toquetea la fusta, golpea mi punto dulce con una bofetada y me vengo, gloriosamente, gritando mi liberación.







De repente, me despierto, sin aliento, cubierta de sudor y sintiendo las secuelas de mi orgasmo. Santo infierno. Estoy totalmente desorientada. ¿Qué demonios ha pasado? Estoy en mi cuarto sola. ¿Cómo? ¿Por qué? Me siento de golpe, sorprendida... wow. Es por la mañana. Echo un vistazo a mi reloj de alarma: las ocho de la mañana. Pongo mi cabeza en mis manos. No sabía que pudiera soñar con sexo. ¿Fue algo que comí? Tal vez las ostras y mi investigación en Internet manifiestándose en mi primer sueño húmedo. Es desconcertante. No tenía idea de que podía llegar al orgasmo en mi sueño.


Kate está saltando alrededor de la cocina cuando entro tambaleándome.

—____(tn), ¿estás bien? Te ves rara. ¿La chaqueta que llevas puesta es de Justin?

—Estoy bien.


Maldita sea, debería haberme mirado en el espejo. Evito sus penetrantes ojos verdes. Todavía estoy recuperándome de mi evento matutino

— Sí, esta es la chaqueta de Justin.

Ella frunce el ceño.

—¿Has dormido?

—No muy bien.

Me dirijo a la tetera. Tengo que tomar té.

—¿Cómo estuvo la cena?

—Comimos ostras. Seguidas por bacalao, así que diría que hubo bastante pescado.

—Uf... odio las ostras y no quiero saber sobre la comida. ¿Cómo era Justin? ¿De qué hablaron?

—Era atento. —Me detengo.

¿Qué puedo decir? Su estatus de VIH es claro, está muy metido en juegos de roles, quiere que obedezca todas sus órdenes, lastimó a alguien a quién ató al techo de su habitación y quería tener sexo en el comedor privado. ¿Sería eso un buen resumen? Trato desesperadamente de recordar algo de mi encuentro con Justin que pueda hablar con Kate.

—No aprueba a Wanda

—¿Quién lo hace,____(tn)? Esa es noticia vieja. ¿Por qué eres tan tímida?

—Oh, Kate, hablamos de muchas cosas. Ya sabes: lo quisquilloso que es con la comida. Casualmente le gustaba tu vestido.

El agua ha hervido así que me hago un poco de té

—¿Quieres tomar té? ¿Quieres que escuche el discurso de hoy?

—Sí, por favor. Trabajé en él anoche en la casa de Lilah. Voy a ir a buscarlo. Y sí, me encantaría tomar un té. —Kate corre fuera de la cocina.

Uf, Katherine Kavanagh desviada. Corto una rebanada de pan y la pongo en la tostadora. Me sonrojo recordando mi sueño tan vívido. ¿Qué diablos fue eso?

Ayer por la noche me costó conciliar el sueño. Mi cabeza era un hervidero de diversas opciones. Estoy muy confundida. La idea de Justin de una relación se parece más a una oferta de trabajo. Se ha fijado una hora, una descripción del trabajo y un procedimiento conciliatorio bastante duro. No es como preveía mi primer amor; pero por supuesto, Justin no hace el amor.

Si yo le digo que quiero más, puede decir que no... y podría poner en peligro lo que él ha ofrecido. Y esto es lo que más me preocupa porque yo no quiero perderlo. Pero no estoy segura de tener la valentía para ser su sumisa... en el fondo, son las palmadas y los látigos lo que me disuaden. Soy una cobarde física y recorreré un largo camino para evitar el dolor. Pienso en mi sueño... ¿es así como será? Mi diosa interior salta hacia arriba y hacia abajo con pompones de porristas gritándome que sí.


Kate vuelve a la cocina con su computadora portátil. Me concentro en mi bagel y escucho con paciencia mientras ejecuta su discurso de despedida.





Estoy vestida y lista para cuando llega Ray. Abro la puerta principal y él está de pie en el porche en su desproporcionado traje. Una oleada de calor, gratitud y amor por este sencillo hombre raya a través de mí y lanzo mis brazos a su alrededor en una exhibición inusual de cariño. Se ha quedado desconcertado, aturdido.

—Oye, ____(tn), me alegro de verte a ti también —dice entre dientes mientras me abraza. Ajustando mi espalda, sus manos sobre mis hombros, me mira de arriba abajo con el ceño fruncido—¿Estás bien, niña?

—Por supuesto, papá, ¿no puede una niña estar complacida de ver a su viejo? —Él sonríe, sus ojos oscuros se arrugan en las esquinas y me sigue a la sala de estar


—Te ves bien —dice.

—Este es el vestido de Kate. —Miro el vestido gris de gasa y espalda descubierta.

Frunce el ceño.

—¿Dónde está Kate?

—Se ha ido a la escuela. Va a dar un discurso, por lo que tiene que estar más temprano.

—¿Deberíamos ir?

—Papá, tenemos media hora. ¿Quieres un té? Y puedes decirme cómo están todos en Montesano. ¿Cómo estuvo el viaje?

Ray lleva su auto a través del estacionamiento del campus y seguimos a la corriente de humanidad punteada con omnipresentes togas negras y rojas dirigiéndose hacia el salón de deportes.

—Buena suerte, ____(tn). Pareces muy nerviosa, ¿tienes que hacer algo?

Mi.er.da... ¿por qué ha elegido hoy para ser tan observador?

—No, papá. Es un gran día. —Y voy a verlo.

—Sí, mi niña ha conseguido un título. Estoy orgulloso de ti, ____(tn).

—Oh... gracias Ray. —Amo a este hombre.

El auditorio está lleno de gente. Ray ha ido a sentarse con los otros padres de familia y admiradores en los bancos inclinados, mientras yo hago mi camino hacia mi asiento. Estoy usando mi toga negra, mi capucha y me siento protegida por ellas, anónima. No hay nadie en el escenario todavía, pero me parece que no puede calmar mis nervios. Mi corazón late con fuerza y mi respiración es lenta. Él está aquí, en algún lugar. Me pregunto si Kate está hablando con él, quizá interrogándolo.

Me dirijo a mi asiento entre los compañeros cuyos apellidos comienzan con S. Estoy en la segunda fila, proporcionándome aún más anonimato. Miro detrás de mí y ubico a Ray sentado en lo alto de las gradas. Lo saludo. Él tímidamente me da un medio saludo de regreso. Me siento y espero.

El auditorio se llena rápidamente y el zumbido de las voces excitadas se hace más y más fuerte. Las filas de asientos delanteras se llenan. Estoy sentada entre dos de otras facultades a las que no conozco. Obviamente ellas son amigas cercanas y hablan con excitación a través de mí.

A las once en punto, el rector aparece desde atrás del escenario, seguido por los tres vicerrectores y luego los profesores adjuntos, todos ataviados con sus vestiduras negras y rojas. Nos levantamos y aplaudimos a nuestro personal docente. Algunos profesores asienten y saludan, otros lucen aburridos. El profesor Collins, mi tutor y mi profesor favorito, parece que se acaba de caer de la cama, como de costumbre. Los últimos en el escenario son Kate y Justin. Justin se destaca con su traje a medida gris, reflejos cobre brillando en su cabello bajo las luces del auditorio. Se ve tan serio y autónomo. Cuando se sienta, desabrocha su chaqueta y vislumbro la corbata. Mi.er.da... ¡esa corbata! Me froto las muñecas reflexivamente. No puedo quitar mis ojos de él —su belleza distrae tanto como siempre— y está usando la corbata a propósito, sin duda. Puedo sentir mi boca presionarse en una línea dura.

El público se sienta y cesan los aplausos.

—¡Míralo! —Una de las chicas a mi lado suspira con entusiasmo en dirección a su amiga.

—Es tan ardiente.

Me pongo rígida. Estoy segura de que no hablan del Profesor Collins.

—Debe ser Justin Bieber.

—¿Estará soltero?

Me irrito.

—Creo que no —murmuro.

—Oh. —Ambas chicas me miran con sorpresa.

—Creo que es gay —cuchicheo.

—Qué lástima. —Una de las chicas profiere un gimoteo.

Cuando el rector se pone de pie y da inicio al evento con su discurso, veo a Justin escaneando sutilmente la sala. Me hundo en el asiento, encorvándome, intentando pasar desapercibida. Fallo miserablemente cuando, un segundo más tarde, sus ojos mieles se encuentran con los míos. Se me queda mirando, su rostro es impasible, completamente inescrutable. Me retuerzo incómoda, hipnotizada por su mirada y siento el rubor propagarse por mi rostro. Al instante, recuerdo el sueño de esta mañana y los músculos de mi vientre se contraen deliciosamente. Tomo una fuerte inhalación. Puedo ver la sombra de una sonrisa cruzar sus labios, pero es efímera. Brevemente cierra los ojos, los vuelve abrir y es entonces cuando recobra su expresión indiferente. Tras una rápida mirada al rector, se queda mirando hacia el frente centrándose en el emblema de la universidad que cuelga sobre la entrada. No vuelve a mirarme. El rector continúa en el micrófono con su monótono discurso y Justin sigue sin mirarme, simplemente se queda mirando hacia el frente.

¿Por qué no me mira? ¿Quizá haya cambiado de opinión? Una ola de inquietud se apodera de mí. Tal vez la salida de ayer por la noche fue también el fin para él. Se cansó de esperar a que tomara una decisión. Ay no, podría haberlo echado a perder por completo. Recuerdo entonces su correo electrónico de ayer por la noche. Quizá está enfadado por no haberle contestado.

De repente, la sala estalla en aplausos cuando la señorita Katherine Kavanagh se apodera del escenario. El rector se sienta y Kate lanza su hermosa y larga cabellera hacia atrás mientras coloca sus notas sobre el podio. Se toma su tiempo sin dejarse intimidar por el millar de personas boquiabiertos frente a ella. Sonríe cuando está lista, mira hacia la cautivada multitud y pone en marcha su elocuente discurso. Se la ve tan serena y graciosa, las chicas a mi lado estallan al instante de hacer su primera broma. Oh Katherine Kavanagh, tú sí que puedes ofrecer un buen discurso. Me siento tan orgullosa de ella en ese momento, mis errantes pensamientos de Justin son dejados de lado. A pesar de haber escuchado su discurso con anterioridad, presto con atención. Ella dirige la sala y envuelve al público en la palma de su mano.


Su tema es “Y después de la Universidad, ¿qué?” Pues, en efecto. Justin observa a Kate, sus cejas arqueadas en... sorpresa, creo. Sí, podría haber sido Kate quién lo entrevistara. Y también podría haber sido Kate a quién ahora le estuviera haciendo sus propuestas indecentes. La hermosa Kate y el hermoso Justin juntos. Yo podría ser como las dos chicas sentadas a mi lado, admirándolo a la distancia. Sé que Kate no le habría dado ni la hora. ¿Cómo era que lo había llamado el otro día? “Espeluznante”. La idea de una confrontación entre Kate y Justin me hace sentir incómoda. Tengo que decir que no sabría a cuál de ellos apostarle.

Kate termina su discurso con una floritura y de forma espontánea todos se ponen de pie, aplaudiendo y vitoreando, su primera gran ovación. La vitoreo y le sonrío radiantemente y ella me sonríe en respuesta de oreja a oreja. Buen trabajo, Kate. Se sienta y el público hace lo mismo. Entonces, el rector se levanta y presenta a Justin. Justin va a dar un discurso. El rector aborda brevemente sus logros: Gerente General de su propia compañía de extraordinario éxito, un hombre auténtico…

—Y también un importante benefactor para nuestra Universidad, por favor, démosle la bienvenida al señor Justin Bieber.

El rector le da un fuerte apretón de manos a Justin y entonces, comienza una oleada de aplausos de cortesía. Tengo el corazón en la garganta. Se acerca al podio y estudia la sala. Se le ve tan confiado allí de pie frente a todos nosotros, tal como lo hizo Kate antes de él. Las dos chicas a mi lado se inclinan embelesadas hacia adelante. De hecho, creo que la mayoría de la audiencia femenina también se acerca un centímetro más hacia adelante, al igual que unos pocos hombres. Es entonces cuando comienza, su voz es suave, medida e hipnotizante.


—Estoy profundamente agradecido y también conmovido por el gran halago que me han concedido hoy las autoridades de la universidad. Se me ofrece una rara oportunidad para hablar de la impresionante labor del departamento de ciencias del medio ambiente aquí en la universidad.
Nuestro objetivo es desarrollar métodos agrícolas viables y ecológicamente sustentables para los países tercermundistas, nuestro objetivo final es ayudar a erradicar el hambre y la pobreza en todo el mundo. Más de un billón de personas, principalmente en la África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina, viven en pobreza extrema. La agricultura disfuncional es la moneda corriente en estas partes del mundo, lo cual termina por resultar en destrucción ecológica y social. He experimentado de primera mano el hambre. Este es un viaje muy personal para mí…

Mi mandíbula cae al suelo. ¿Qué? Justin pasó hambre alguna vez. Mi.er.da, eso explica muchísimas cosas. Recuerdo entonces la entrevista, él realmente quiere alimentar al mundo.

Me devano los sesos con desesperación intentando recordar lo qué Kate había escrito en el artículo. Adoptado a los cuatro años, creo. No puedo imaginar a Grace haciéndolo pasar hambre, así que debe haber sido antes de esa época. Trago con fuerza, mi corazón se encoge ante la idea de un niño pequeño de ojos mieles hambriento. Oh, no. ¿Qué clase de vida tuvo antes de que lo acogieran y rescataran los Bieber?

Me siento presa de un crudo sentimiento de indignación por el pobre, filantrópico, ligeramente jodido de la cabeza y algo pervertidillo Justin... aunque estoy segura de que no se vería a si mismo de esta manera y repelería además cualquier pensamiento de compasión o simpatía. Abruptamente, todo el mundo se pone de pie y estalla en aplausos. Los sigo aunque no he escuchado ni la mitad de su discurso. Hace todas estas buenas obras, dirige su enorme empresa y me persigue, todo al mismo tiempo. Es abrumador. Recuerdo las breves conversaciones que ha tenido acerca de Darfur… todo encaja. Comida.

Sonríe brevemente ante el caluroso aplauso, incluso Kate está aplaudiendo, para luego volver a su asiento. No mira hacia donde estoy. Mientras tanto, sigo trastornada intentando asimilar esta nueva información acerca de él.

Uno de los vicerrectores se levanta y comienza el largo y tedioso proceso de recolección de nuestros títulos. Hay alrededor de unos cuatrocientos para ser entregados, transcurre más de una hora antes de escuchar mi nombre. Me abro paso hasta el escenario entre dos chicas que ríen tontamente. Justin me da una mirada, la que es cálida pero cauta.

—Felicidades, señorita Steele —dice y estrecha mi mano, apretándola suavemente. Siento la chispa de su piel contra la mía—¿Tienes algún problema con el ordenador?

Frunzo el ceño en cuanto me da el título.

—No.

—Entonces, ¿estás haciendo caso omiso de mis mensajes?

—Sólo vi el de la unión y las adquisiciones.

Me mira con curiosidad.

—Más tarde —dice y me tengo que mover porque estoy causando demora en la línea.

Vuelvo a mi asiento. ¿Mensajes? Debe haber enviado otro. ¿Qué decía?

La ceremonia se toma otra hora para concluir. Es interminable. Por último, el rector llama a los miembros del profesorado para un aplauso aún más entusiasta, precedido por Justin y Kate. Justin no me mira, aun cuando deseo que lo haga. Mi diosa interna no está contenta. Mientras permanezco de pie a la espera de que nuestra hilera se disperse, Kate me llama. Se abre paso desde detrás del escenario hacia dónde estoy.

— Justin quiere hablarte —grita. Las dos chicas que estaban a mi lado, ahora de pie, se dan la vuelta y me miran boquiabiertas. —Me envió para acá —continúa. Oh… 


—Tu discurso fue increíble, Kate. 

—Lo fue, ¿no? —Sonríe—. ¿Vienes? Puede ser muy insistente. —Pone sus ojos en blanco y yo sonrío. 

—No tienes idea. No puedo dejar a Ray por mucho tiempo. —Miro hacia Ray y levanto mis dedos indicando cinco minutos. Él asiente, diciendo que está bien y sigo a Kate dentro del corredor detrás del escenario.

Justin está hablando con el rector y dos profesores. Levanta la vista cuando me ve. 


—Permítanme, caballeros. —Lo escucho murmurar.

Viene hacia mí y le sonríe brevemente a Kate. 


—Gracias —dice y antes de que pueda responderle, sujeta mi codo y me conduce dentro de lo que parece un camarín de hombres. Revisa que esté vacío y luego asegura la puerta. ¿Qué tiene en mente? Pestañeo mientras se da vuelta hacia mí.

—¿Por qué no me has enviado un correo electrónico? ¿O respondido mis mensajes? —Me fulmina con la mirada. Estoy perpleja. 


—Hoy no he revisado ni mi computador ni mi teléfono. —Mi.er.da, ¿había estado intentando llamar? Utilizo mi técnica de distracción que es tan efectiva con Kate.

—Fue un gran discurso.

—Gracias.

—Explica tus problemas conmigo sobre la comida. 


Desliza una mano por su cabello, exasperado.

—____(tn), no quiero ir allí en este momento. —Cierra sus ojos, luciendo adolorido—. He estado preocupado por ti.

—Preocupado, ¿por qué?

—Porque te fuiste a casa en esa trampa mortal que llamas coche.

—¿Qué? No es una trampa mortal. Está bien. José lo revisa regularmente para mí.

—José, ¿el fotógrafo? —Los ojos de Justin se entrecierran, su cara se congela.

—Si, el Beetle solía pertenecer a su madre.

—Si y probablemente a su madre y su madre antes de ella. No es seguro.

—Lo he manejado por casi tres años. Siento que te preocuparas. ¿Por qué no llamaste? —Por Dios, está exagerando. Respira profundamente.

—____(tn), necesito una respuesta. Esta espera me está volviendo loco.

— Justin, yo… mira, dejé a mi padrastro solo.

—Mañana. Quiero una respuesta mañana.

—Bien. Mañana te la daré. —Pestañeo. Se aleja, contemplándome fríamente y sus hombros se relajan.

—¿Te quedas por una copa? —pregunta.

—No sé lo que Ray quiere hacer.

—¿Tu padrastro? Me gustaría conocerlo.

—No estoy segura de que sea una buena idea.

Justin le quita el seguro a la puerta, su boca en una severa línea.

—¿Estás avergonzada de mi?

—¡No! —Es mi turno de sonar exasperada—¿Presentarte a mi papa como qué? “Este es el hombre que me desvirginó y quiere que comencemos una relación BDSM.” No estás usando zapatos para correr. 


Justin me observa y luego sus labios se curvan en una sonrisa. A pesar del hecho de que estoy enojada con él, mi rostro responde, contra mi voluntad, con una sonrisa.

—Sólo para que sepas, puedo correr bastante rápido. Sólo dile que soy tu amigo, ____(tn).

Él abre la puerta y salgo. Mi mente está dando vueltas. El rector, los tres vice-rectores, cuatro profesores y Kate me miran fijamente cuando camino apresuradamente a su lado. Santa mi.er.da. Dejando a Justin con el profesorado, voy a buscar a Ray. Dile que soy tu amigo... Amigo con beneficios, mi subconsciente pone mala cara. Lo sé, lo sé. Sacudo el desagradable pensamiento fuera. ¿Cómo lo voy a presentar ante Ray? El salón está todavía lleno, al menos hasta la mitad y Ray no se ha movido de su lugar. Me ve, saluda con la mano y hace su camino hacia abajo.

—Oye, ____(tn). Felicitaciones. —Me rodea con su brazo.

—¿Te gustaría venir y tomar una copa en el encarpado?

—Si. Es tú día. Guíame.

—No tenemos que hacerlo si no quieres.

Por favor di que no…

—____(tn), he estado sentado por dos horas y media escuchando todo tipo de parloteo. Necesito una copa.

Rodeo su brazo con el mío y salimos lentamente con la multitud hacia la calidez del mediodía. Pasamos la fila del fotógrafo oficial.

—Oh, eso me recuerda. —Ray saca una cámara digital de su bolsillo—. Una para el álbum,____(tn). —Ruedo mis ojos mientras él saca una foto de mí.

—¿Puedo quitarme la toga y el birrete ahora? Me siento algo ñoña.

Te ves algo ñoña… mi subconsciente está en su mejor humor irritable. ¿Así que le vas a presentar a Ray el hombre con el que estás teniendo sexo? Está observándome sobre sus anteojos con forma de alas. Estaría tan orgulloso. Dios, a veces la odio. El encarpado es inmenso y está abarrotado: estudiantes, padres, profesores y amigos, todos charlando felizmente. Ray me pasa una copa de champaña o vino barato con gas, sospecho. No está helado y es dulce. Mis pensamientos vuelven a Justin… no le va a gustar esto.

—¡____(tn)! —Me doy la vuelta y Ethan Kavanagh me levanta en sus brazos. Me hace girar alrededor sin derramar mi vino, que hazaña. ¡Felicitaciones!

Me sonríe radiantemente, brillantes ojos verdes. Que sorpresa. Su sucio cabello rubio alborotado luciendo sexy. Es tan hermoso como Kate. El parecido familiar es asombroso.

—Wow, ¡Ethan! Qué lindo verte. Papá, éste es Ethan, el hermano de Kate. Ethan, este es mi papá, Ray Steele.

Sacuden sus manos, mi papá fríamente evaluando al señor Kavanagh.

—¿Cuándo volviste de Europa? —pregunto.

—Volví hace una semana, pero quería sorprender a mi hermanita —dice con complicidad. 


—Eso es muy dulce. —Le sonrío. 

—Es Valedictorian (Estudiante que da el discurso el día de su graduación, o que tiene las mejores notas),no me podía perder eso. 

Luce inmensamente orgulloso de su hermana.

—Dio un discurso increíble. 

—Lo hizo —coincide Ray.

Ethan tiene su brazo alrededor de mi cintura cuando levanto la mirada hacia los glaciales ojos mieles de Justin Bieber. Kate está a su lado.

—Hola, Ray.

Kate besa a Ray en ambas mejillas, haciéndolo sonrojar


— ¿Conoces al novio de ____(tn)? Justin Bieber.

¡Kate! ¡Mi.er.da! Toda la sangre se escapa de mi rostro.

—Señor Steele, es un placer conocerlo —dice Justin con suavidad, cálidamente, sin siquiera ruborizarse por la introducción de Kate. Extiende su mano y Ray, con todo el crédito para él, la toma sin mostrar una insinuación de la espectacular sorpresa que le ha dado. Muchísimas gracias, Katherine Kavanagh, pienso echando humo. Creo que mi subconsciente se ha desmayado.

—Señor Bieber —murmura Ray, su expresión indescifrable, excepto tal vez por la ligera ampliación de sus grandes ojos marrones. Se deslizan por mi rostro con una mirada de cuando-ibas-a-darme-esta-noticia. Me muerdo el labio.

—Y este es mi hermano, Ethan Kavanagh —dice Kate a Justin.

Justin vuelve su mirada sobre Ethan, quien todavía tiene un brazo a mí alrededor.

—Señor Kavanagh. 


Se dan la mano. Justin alarga la suya hacia mí.

—____(tn), nena —murmura y estoy a punto de morir ante el cariño. Me aparto del agarre de Ethan mientras Justin le sonríe con frialdad y tomo mi lugar a su lado. Kate me sonríe. Ella sabe exactamente lo que está haciendo, ¡zorra!

—Ethan, mamá y papá querían hablar. —Kate se lleva a Ethan a rastras.

—Entonces, ¿hace cuánto tiempo se conocen? —Ray mira impasiblemente de Justin hacia mí.

El poder de la palabra me ha abandonado. Quiero que la tierra me trague. Justin pone su brazo a mí alrededor, rozando con su dedo pulgar mi espalda desnuda en una caricia, antes de que su mano tome mi hombro.

—Un par de semanas más o menos ahora —dice sin problemas—. Nos conocimos cuando ____(tn) vino a entrevistarme para la revista estudiantil.

—No sabía que trabajabas en la revista estudiantil,____(tn). 


La voz de Ray es una tranquila amonestación, revelando su irritación.

 —Kate estaba enferma —murmuro. Es todo lo que logro decir. 

—Buen discurso el que dio, señor Bieber. 

—Gracias, señor. Entiendo que es un pescador entusiasta.

Ray levanta sus cejas y sonríe, una sonrisa rara, genuina y de buena fe de Ray Steele y ahí van, hablando de pesca. De hecho, pronto me siento excediendo los requisitos. Está persuadiendo a mi papá con su encanto... como lo hizo contigo, mi subconsciente me contesta bruscamente. Su poder no conoce límites. Me excuso para ir y encontrar a Kate.

Está hablando con sus padres que son encantadores y me saludan con afecto como siempre. Intercambiamos breves palabras corteses, sobre todo acerca de sus próximas vacaciones en Barbados y de nuestra mudanza.

—Kate, ¿cómo pudiste delatarme con Ray? —siseo a la primera oportunidad de no ser escuchadas.

—Porque sabía que nunca lo harías y quiero ayudar con los problemas de compromiso de Justin. —Kate me sonríe con dulzura.

Frunzo el ceño. ¡Soy yo la que no se comprometerá con él, tonta!

—Él parece muy tranquilo acerca de esto, ____(tn). No te preocupes. Míralo ahora, Justin no puede apartar sus ojos de ti. —Levanto la mirada y tanto Ray como Justin me están mirando—. Ha estado observándote como un halcón.

—Mejor voy a rescatar a Ray o a Justin. No sé a quién. ¡Aún no hemos terminado, Katherine Kavanagh! —La miro.

—____(tn), te hice un favor —grita tras de mí.

—Hola. —Les sonrío a los dos cuando regreso.

Parecen estar bien. Justin está disfrutando de una broma privada y mi papá se ve increíblemente relajado dado que está en una situación social.
¿Qué han estado discutiendo, aparte de los peces?

—____(tn), ¿dónde están los baños?

—Vuelve a salir hasta el frente de la carpa y hacia la izquierda.

—Nos vemos en un momento. Ustedes diviértanse chicos.

Ray se dirige hacia fuera. Le echo un vistazo nerviosamente a Justin. Nos detenemos brevemente mientras un fotógrafo toma una foto de los dos.

—Gracias, señor Bieber. —El fotógrafo se escabulle fuera. Parpadeo por el flash.

—¿Así que también has cautivado a mi padre?

—¿También?

Los ojos mieles de Justin arden y levanta una ceja en modo de pregunta. Me sonrojo. Levanta su mano y traza mi mejilla con sus dedos.

—Oh, me gustaría saber qué estás pensando, ____(tn) —susurra oscuramente, ahuecando mi barbilla y levanta mi cabeza para que podamos mirarnos fijamente a los ojos del otro.

Mi respiración se dificulta. ¿Cómo puede tener este efecto sobre mí, incluso en esta tienda llena de gente?

—En este momento, estoy pensando que bonita corbata —suspiro.

Él se ríe.

—Recientemente se ha convertido en mi favorita.

Me sonrojo hasta volverme escarlata.

—Te ves hermosa, ____(tn), este vestido te queda bien y puedo acariciar tu espalda, sentir tu hermosa piel.

De repente, es como si estuviéramos solos en la habitación. Sólo nosotros dos, mi cuerpo entero ha vuelto a la vida, cada terminación nerviosa cantando en voz baja, esa electricidad tirando de mí hacia él, cargándose entre nosotros.

—Sabes que va a ser bueno, ¿verdad, cariño? —susurra. Cierro mis ojos mientras mis entrañas se desenrollan y se funden.

—Pero quiero más —le susurro.

—¿Más? —Me mira perplejo, sus ojos oscureciéndose.

Asiento con la cabeza y trago. Ahora lo sabe.

—Más —dice una vez más en voz baja. Probando la palabra, una palabra pequeña y simple, pero tan llena de promesas. Su pulgar traza mi labio inferior—. Quieres corazones y flores.

Asiento otra vez. Parpadea hacia mí y veo su lucha interna desplegándose en sus ojos.

—____(tn). —Su voz es suave—. No es algo que conozca.

—Yo tampoco.

Sonríe un poco.

—No conoces mucho —murmura.

—Tú conoces todas las cosas malas.

—¿Malas? No para mí. —Niega con su cabeza. Se ve tan sincero—Pruébalo —susurra.

Un desafío, retándome, ladea su cabeza hacia un lado y sonríe con su sonrisa torcida y deslumbrante.

Me quedo sin aliento y soy Eva en el Jardín del Edén, él es la serpiente y no me puedo resistir.

—Está bien —le susurro.

—¿Qué? —Tengo toda su atención, completa. Trago.

—Está bien. Lo intentaré.

—¿Estás aceptando? —Su incredulidad es evidente.

—Sometida a los límites suaves, sí. Lo intentaré. —Mi voz es muy baja.

Justin cierra sus ojos y tira de mí en un abrazo.

—Jesús, ____(tn), eres tan inesperada. Me dejas sin aliento.

Retrocede y de repente, Ray ha vuelto y el volumen en la carpa se eleva gradualmente y llena mis oídos. No estamos solos. Mi.er.da, acabo de aceptar ser su sumisa. Justin le sonríe a Ray y sus ojos están bailando de alegría.

—____(tn), ¿deberíamos ir a comer algo?

—Está bien. —Parpadeo hacia Ray, tratando de encontrar mi equilibrio. ¿Qué has hecho? Mi subconsciente me grita. Mi diosa interior está dando volteretas hacia atrás en una rutina digna de un gimnasta olímpico ruso.

—¿Te gustaría unirte, Justin? —pregunta Ray.


¡Justin! Lo miro fijamente, implorándole que no acepte. Necesito espacio para pensar... ¿qué mi.er.da he hecho?

—Gracias, señor Steele, pero tengo planes. Ha sido un placer conocerlo, señor.

—Igualmente —responde Ray—. Cuida de mi niña.

—Oh, tengo toda la intención de hacerlo, señor Steele.

Se estrechan la mano. Me siento enferma. Ray no tiene idea de cuánta intención tiene Justin de cuidarme. Justin toma mi mano, la lleva a sus labios y me besa los nudillos con ternura, sus ardientes ojos atentos a los míos.

—Hasta más tarde, señorita Steele —susurra con su voz llena de promesas.

Mi vientre se contrae ante el pensamiento... Oh Dios mío. Espera... ¿más tarde?

Ray toma mi codo y me lleva hacia la entrada de la carpa.

—Parece un joven formal. Adinerado, también. Podrías haberlo hecho mucho peor, ____(tn). A pesar de eso, tuve que enterarme de él por Katherine —me regaña.

Me encojo de hombros disculpándome.

—Bueno, cualquier hombre al que le gustes y sepa pescar con mosca está bien para mí.

Santo cielo, Ray lo aprueba. Si sólo supiera.

Ray me deja en casa al anochecer.

—Llama a tu mamá —dice.

—Lo haré. Gracias por venir, papá.

—No me lo habría perdido por nada del mundo, ____(tn). Me haces sentir muy orgulloso.

Oh, no. No voy a ponerme sentimental. Un enorme bulto se forma en mi garganta y lo abrazo con fuerza. Pone sus brazos a mí alrededor, desconcertado y no puedo evitarlo... lágrimas se juntan en mis ojos.

—Oye, ____(tn), cariño —canturrea Ray—. Gran día... ¿eh? ¿Quieres que entre y te haga un poco de té?

Me río, a pesar de las lágrimas. El té siempre es la respuesta adecuada para Ray. Recuerdo a mi madre quejándose de él, diciendo que cuando se trataba de té y comprensión, siempre era bueno con el té, no tan bueno con la comprensión.

—No, papá, estoy bien. Ha sido tan bueno verte. Te visitaré muy pronto, una vez que esté asentada en Seattle.

—Buena suerte con las entrevistas. Hazme saber cómo van.

—Seguro, papá.

—Te quiero, ____(tn).

—También te quiero, papá.

Sonríe, sus ojos marrones cálidos y brillantes y se sube de nuevo a su automóvil. Lo despido con la mano mientras conduce hacia el anochecer y entro sin energía al apartamento.

Lo primero que hago es revisar mi teléfono celular. Es necesario recargar la batería, así que tengo que buscar hasta dar con el cargador y lo enchufo antes de poder revisar mis mensajes. Cuatro llamadas perdidas, un mensaje de voz y dos mensajes de textos. Tres llamadas perdidas de Justin... sin mensajes. Una llamada perdida de José y un mensaje de voz de él deseándome lo mejor para la graduación.

Abro los mensajes de texto.

¿Llegaste bien a casa?
Llámame.

Ambos son de Justin, ¿por qué no llamó a la casa? Me dirijo a mi habitación y enciendo la máquina.

De: Justin Bieber
Asunto: Esta noche
Para: ____(tn) Steele

Espero que llegues a casa en ese coche tuyo.
Hazme saber si estás bien.

Justin Bieber
Gerente General, Bieber Enterprises Holdings Inc.


Por Dios... por qué está tan preocupado por mi Beetle. Me ha dado tres años de servicio leal y José ha estado siempre disponible para darle mantenimiento por mí. El siguiente correo electrónico de Justin, es de hoy.

De: Justin Bieber
Asunto: Límites Suaves
Para: ____(tn) Steele

¿Qué puedo decir que no haya dicho ya?
Estaré encantado de hablar de estos en cualquier momento.
Te veías hermosa hoy.

Justin Bieber
Gerente General, Bieber Enterprises Holdings Inc.


Quiero verlo. Tecleo la respuesta.

De: ____(tn)Steele
Asunto: Límites Suaves
Para: Justin Bieber

Puedo ir esta noche para hablar de ello si lo deseas.

____(tn)




De: Justin Bieber
Asunto: Límites Suaves
Para: ____(tn) Steele

Iré yo. Hablaba en serio cuando dije que no estaba satisfecho con que condujeras ese coche.
Estaré contigo dentro de poco.

Justin Bieber
Gerente General, Bieber Enterprises Holdings Inc.


Mi.er.da... va a venir, ahora. Tengo que preparar algo para él, los libros de primera edición de Thomas Hardy todavía están en las estanterías de la sala de estar. No puedo quedármelos. Los envuelvo en papel madera y garabateo en el envoltorio una cita textual de Tess en el libro:
“… Acepto las condiciones, Ángel, puesto que tú sabes mejor que yo el castigo que merezco. Sólo... sólo... ¡no lo hagas más duro de lo que pueda soportar!”



—Hola.

Me siento insoportablemente tímida cuando abro la puerta. Justin está de pie en el porche en sus pantalones y una chaqueta de cuero.

—Hola —dice y su rostro se ilumina con su radiante sonrisa. Me toma un momento para admirar la belleza. Oh Dios mío, se ve atractivo en cuero.

—Entra.

—Si me permites —dice divertido. Levanta una botella de champán mientras entra—. Pensé que podríamos celebrar tu graduación. Nada le gana a un buen Bollinger.

—Interesante elección de palabras —comento secamente.

Él sonríe.

—Oh, me gusta tu ingenio constante, ____(tn).

—Solo tenemos tazas. Hemos empaquetado todas las copas.

—¿Tazas? Suena bien para mí.

Me dirijo a la cocina. Nerviosa, mariposas volando en mi estómago, es como tener a una pantera o a un león de montaña completamente impredecible y predador en mi sala de estar.

—¿Quieres un plato también?

—Las tazas están bien, ____(tn) —dice Justin distraídamente desde la sala.

Cuando regreso, él está mirando el paquete café de libros. Pongo las tazas sobre la mesa.

—Eso es para ti —murmuro con ansiedad.

Mi.er.da… esta probablemente va a ser una pelea.

sábado, 25 de enero de 2014

''50 Sombras de Bieber'' Capítulo 24

Capítulo 24



Justin se inclina casualmente contra la barra, bebiendo una copa de vino blanco. Está vestido con su tradicional camisa blanca de lino, pantalones, corbata y chaqueta negras. Su cabello está tan alborotado como siempre. Suspiro. Desde luego luce magnífico. Me quedo por unos segundos en la entrada del bar, mirándolo, admirando la vista. Él es más que hermoso. Mira, creo que nerviosamente, hacia la entrada y se queda quieto cuando me ve. Parpadea un par de veces, luego sonríe lento, perezoso, una sonrisa sexy que me deja muda y derretida por dentro. Haciendo un esfuerzo supremo por no morder mi labio, avanzo consciente de que yo, ____(tn) Steele de Clumsyville, uso tacos altos. Él camina con gracia hasta alcanzarme.

—Luces sensacional —murmura mientras se inclina hacia abajo para besar brevemente mi mejilla—Un vestido, señorita Steele. Lo apruebo.

Tomando mi brazo, me conduce hacia una mesa aislada y le hace señas al camarero.

—¿Qué te gustaría para beber?

Mis labios se curvan en una rápida y astuta sonrisa mientras me siento y me deslizo en la mesa; bueno, al menos me está preguntando.

—Tomaré lo que estás tomando, por favor —¡Ves! Puedo jugar bien y comportarme. Divertido, ordena otra copa de Sancerre y se desliza frente a mí.

—Tienen una bodega excelente aquí —dice, ladeando su cabeza hacia un lado.

Poniendo sus codos en la mesa, coloca sus dedos sobre su hermosa boca, sus ojos mieles con alguna clase de emoción ilegible. Y ahí está... esa familiar descarga eléctrica que conecta con un lugar profundo dentro de mí. Me muevo incómoda bajo su mirada, mi corazón palpitando. Debo mantener mi tranquilidad.

—¿Estás nerviosa? —pregunta suavemente.

—Sí.

Él se inclina hacia adelante.

—Yo también —susurra con complicidad.

Mis ojos se alzan para encontrar los suyos. Él. Nervioso. Nunca. Parpadeo y me da una adorable sonrisa de lado. El camarero llega con mi vino, un pequeño plato de diferentes frutos secos y otro de aceitunas.

—Entonces ¿cómo vamos a hacer esto? —pregunto—. ¿Repasando mis puntos uno por uno?

—Impaciente como siempre, señorita Steele.

—Bueno, podría preguntarle: ¿qué piensa del clima de hoy?

Él sonríe y baja sus largos dedos para tomar una aceituna. La hace reventar en su boca y mis ojos se entretienen con ella, esa boca, que ha estado sobre mí... sobre todo mi cuerpo. Me sonrojo.

—Pienso que el clima ha estado particularmente normal hoy. —Sonríe con suficiencia.

—¿Se está riendo de mí, señor Bieber?

—Lo hago, señorita Steele.

—Usted sabe que legalmente ese contrato es inaplicable.

—Estoy totalmente consciente de eso, señorita Steele.

—¿Iba a decirme algo de ese punto?

Me mira con el ceño fruncido.

—¿Crees que te obligaría a hacer algo que no quieres y luego fingir que tengo un aplazamiento legal sobre ti?

—Bueno… sí.

—No piensa muy bien de mí ¿no?

—No ha respondido mi pregunta.

—____(tn), no importa si es legal o no. Representa un trato que me gustaría hacer contigo: qué me gustaría de ti y qué puedes esperar de mí. Si no te gusta, entonces no firmes. Si firmas y después decides que no te gusta, hay bastantes cláusulas que te permiten alejarte. Incluso si fuera legal, ¿crees que te arrastraría por los tribunales si decides escapar?

Tomo un largo trago de vino. Mi subconsciente me golpea fuerte en el hombro. Debes mantener tu inteligencia en esto. No bebas demasiado.

—Relaciones como estas son construidas sobre la honestidad y la confianza —continua— Si no confías en mí para saber cómo te afecto, qué tan lejos puedo ir contigo, qué tan lejos puedo llevarte; si no puedes ser honesta conmigo, entonces no podemos hacer esto.

Dios mío, cortamos la persecución rápidamente. Qué tan lejos puede llevarme. ****. ¿Qué significa eso?

—Entonces es bastante simple, ____(tn). ¿Confías en mí o no? —Sus ojos están ardiendo, apasionados.

—¿Tuviste discusiones similares con um... las quince?

—No.

—¿Por qué no?

—Porque todas ellas eran sumisas establecidas. Sabían lo que querían de la relación y generalmente lo que yo esperaba. Con ellas, era sólo una pregunta para ajustar los límites delicados, detalles como eso.

—¿Vas a una tienda? ¿Nosotras somos sumisas?

Él ríe.

—No exactamente.

—¿Cómo es entonces?

—¿Es eso lo que quieres discutir? ¿O iremos al grano? Tus puntos, como dices.

Trago. ¿Confío en él? ¿De esto se trata todo, de la… confianza? Seguramente esto debería ser recíproco. Recuerdo su mal humor cuando llamé a José.

—¿Estás hambrienta? —pregunta, distrayéndome de mis pensamientos.

—No.

—¿Has comido hoy?

Lo miro fijamente. Honestidad... ****, no le va a gustar mi respuesta.

—No. —Mi voz es baja.

Él estrecha sus ojos.

—Tienes que comer, ____(tn). Podemos comer acá o en mi suite. ¿Qué prefieres?

—Creo que debemos estar en público, en tierra neutral.

Él sonríe irónicamente.

—¿Crees que me detendrías? —dice en voz baja, una advertencia sensual.

Mis ojos se abren y trago fuertemente otra vez.

—Espero que sí.

—Ven, tengo un comedor privado reservado. Sin público. —Me sonríe enigmáticamente y sale de la cabina, manteniendo su mano extendida en mi dirección.

—Trae tu vino —murmura.

Colocando mi mano en la suya, me deslizo fuera y me paro junto a él. Me libera y su mano se extiende hasta mi codo. Me lleva de nuevo a través del bar y sube las grandes escaleras hacia un entresuelo. Un joven, vestido con un uniforme del Heathman, se acerca a nosotros.

—Señor Bieber, por aquí.

Lo seguimos a través de un área de asientos de lujo hacia un comedor íntimo. Sólo una mesa apartada. La habitación es pequeña pero suntuosa. Bajo una lámpara de araña brillante, la mesa está toda predispuesta con lino almidonado, vasos de cristal, cubiertos de plata y un ramo de rosas blancas. El encanto del mundo antiguo y sofisticado impregna la sala llena de paneles de madera. El camarero retira mi silla y me siento. Coloca la servilleta en mi regazo. Christian se sienta frente a mí. Levanto la mirada hacia él.

—No te muerdas el labio —susurra.

Frunzo el ceño. Maldita sea. Ni siquiera sé que lo estoy haciendo.

—He pedido ya. Espero que no te importe.

Francamente, me siento aliviada, no estoy segura de que pueda tomar ninguna decisión más.

—No, eso está bien —acepto.

—Es bueno saber que puedes ser sumisa. Ahora, ¿en dónde estábamos?

—El meollo de la cuestión.

Tomo otro sorbo de vino. Está realmente delicioso. Justin Bieber hace el vino bueno. Recuerdo el último sorbo de vino que me dio, en mi cama. Me ruborizo ante el pensamiento.

—Sí, tus dudas.

Rebusca en el bolsillo interior de su chaqueta y saca un trozo de papel. Mi correo electrónico.

—Cláusula 2. De acuerdo. Esto es para el beneficio de ambos. Lo redactaré de nuevo.

Parpadeo en su dirección. ****... vamos a revisar cada uno de estos puntos, uno por uno. Simplemente no me siento tan valiente viéndolo cara a cara. Parece muy formal. Me armo de valor con otro sorbo de vino. Justin sigue.

—Mi salud sexual. Bueno, todas mis parejas anteriores se han hecho análisis de sangre y me hago pruebas periódicas cada seis meses por todos los riesgos de salud que mencionas. Todas mis últimas pruebas están limpias. Nunca he tomado drogas. De hecho, soy, con vehemencia, anti-drogas. Tengo una estricta política de no tolerancia con respecto a las drogas para todos mis empleados e insisto en hacer pruebas de drogas al azar.

Wow... el obseso del control se ha vuelto loco. Parpadeo en su dirección, sorprendida.

—Nunca me he hecho una transfusión de sangre. ¿Eso responde tu pregunta?

Asiento con la cabeza, impasible.

—El siguiente punto que mencioné anteriormente. Puedes irte en cualquier momento, ____(tn). No te detendré. Si te vas, sin embargo, eso es todo. Sólo para que lo sepas.

—Está bien —respondo en voz baja. Si me voy, eso es todo. La idea es sorprendentemente dolorosa.

El camarero llega con nuestro primer pedido. ¿Cómo es posible que pueda comer? Santo Moisés, ha pedido ostras sobre un lecho de hielo.

—Espero que te gusten las ostras. —La voz de Justin es suave.

—Nunca he probado una. —Nunca.

—¿En serio? Bueno… —Alcanza una—. Todo lo que tienes que hacer es inclinarla y tragártela. Creo que puedes arreglártelas con eso.

Me mira y sé a lo que se refiere. Me ruborizo. Él sonríe, vierte un poco de jugo de limón en su ostra y la inclina hacia su boca.

—Mmm, deliciosa. Sabe a mar —dice sonriéndome—. Vamos —me anima.

—Entonces, ¿no la mastico?

—No, ____(tn), no lo hagas.

Sus ojos están iluminados con humor. Se ve tan joven así .

Me muerdo el labio y al instante su expresión cambia. Me mira con severidad. Extiendo la mano para coger mi primera ostra. Bueno... aquí voy. Escurro un poco de jugo de limón y la inclino. Se desliza por mi garganta, toda agua salada, el olor fuerte del cítrico y carnosidad... ooh. Me lamo los labios y él me está mirando fijamente, sus ojos entrecerrados.

—¿Y bien?

—Tomaré otra —le digo secamente.

—Buena chica —dice con orgullo.

—¿Elegiste esto deliberadamente? ¿No son conocidos por sus cualidades afrodisíacas?

—No, son el primer artículo en el menú. No necesito un afrodisíaco cerca de ti. Creo que ya lo sabes y creo que reaccionas de la misma forma cerca de mí —dice con sencillez—. Así que, ¿dónde estábamos? —Le echa un vistazo a mi correo electrónico, mientras extiendo una mano para alcanzar otra ostra.

Él reacciona de la misma manera. Yo le afecto... wow.

—Me obedeces en todo. Sí, quiero que hagas eso. Te necesito para hacer eso. Piensa en ello como las reglas del juego, ____(tn).

—Pero me preocupa que puedas hacerme daño.

—Hacerte daño, ¿cómo?

—Físicamente. —Y emocionalmente.

—¿De verdad crees que haría eso? ¿Traspasar cualquier límite que no puedes tomar?

—Has dicho que has hecho daño a alguien antes.

—Sí, lo he hecho. Fue hace mucho tiempo.

—¿Cómo la dañaste?

—La suspendí del techo de mi cuarto de juegos. De hecho, esa es una de tus preguntas. La suspensión, para eso son los mosquetones de la sala de juegos. El juego de la cuerda. Una de las cuerdas fue atada con demasiada fuerza.

Alzo mi mano pidiendo que se detenga.

—No necesito saber nada más. Así que, ¿no me suspenderás, entonces?

—No, si realmente no quieres. Puedes poner ahí un límite fijo.

—Está bien.

—Así que, obedecer, ¿crees que puedes manejar eso?

Él me mira fijamente, sus ojos mieles intensos. Los segundos pasan.

—Podría intentarlo —susurro.

—Bien. —Sonríe—. Ahora el plazo. Un mes en lugar de tres es muy poco tiempo, especialmente si quieres un fin de semana lejos de mí cada mes. No creo que vaya a ser capaz de mantenerme alejado de ti durante todo ese periodo de tiempo. Apenas puedo manejarlo ahora.

Hace una pausa.
¿No puede permanecer lejos de mí? ¿Qué?

—¿Qué te parece un día durante un fin de semana al mes para ti, pero tengo a cambio una noche entre semana de esa semana?

—Está bien.

—Y por favor, probémoslo durante tres meses. Si no te parece para entonces, puedes irte en cualquier momento.

—¿Tres meses? —Me siento acorralada.

Tomo otro sorbo de vino y trato de auto controlarme con otra ostra. Podría aprender a apreciar esto.

—Sobre el asunto de la posesión, esa es sólo la terminología y se remonta al principio de obediencia. Es para lograr entrar en el estado de ánimo adecuado, para entender de dónde vengo. Y quiero que sepas que tan pronto cruces mi umbral como mi sumisa, haré que te guste. Tienes que aceptar eso, por voluntad propia. Es por eso que tienes que confiar en mí. Te fo.lla.ré, en cualquier momento, de cualquier forma que quiera… en cualquier lugar que quiera. Te disciplinaré, porque cometerás errores. Te entrenaré para complacerme. Pero sé que no has hecho esto antes. Inicialmente, lo tomaremos con calma y yo te ayudaré. Construiremos diversos escenarios. Quiero que confíes en mí, pero sé que tengo que ganarme tu confianza y lo haré. El "o de otra manera", es para ayudarte a introducirte en la mentalidad, significa que todo vale.

Él es tan apasionado, fascinante. Esta es obviamente su obsesión, su forma de ser... no puedo quitar mis ojos de él. Realmente, realmente quiere esto. Deja de hablar y me mira.

—¿Todavía estás conmigo? —susurra, su voz rica, cálida y seductora.

Toma un sorbo de su vino, su mirada penetrante manteniéndose fija en la mía.

El camarero se acerca a la puerta y Justin asiente sutilmente, permitiéndole que despeje la mesa.

—¿Querrías un poco más de vino?

—Tengo que conducir.

—¿Un poco de agua, entonces?

Asiento con la cabeza.

—¿Con o sin gas?

—Con gas, por favor.

El camarero se va.

—Estás muy callada —susurra Justin.

—Eres muy hablador.

Sonríe

—Disciplina. Hay una línea muy fina entre el placer y el dolor, ____(tn). Son ambas caras de una misma moneda, una no existe sin la otra. Puedo mostrarte que tan placentero puede ser el dolor. No me crees ahora, pero esto es a lo que me refiero con la confianza. Habrá dolor, pero no hay nada que no puedas manejar. Una vez más, todo se reduce a la confianza. ¿Confías en mí, ____(tn)?

—Sí —respondo espontáneamente, sin pensarlo… porque es verdad… confío en él.

—Bien. —Se ve aliviado—. El resto de las cosas son sólo detalles.

—Detalles importantes.

—Esta bien, vamos a hablar de eso.

Mi cabeza esta nadando con todas sus palabras. Debería haber traído el mini reproductor de Kate para poder escucharlo otra vez. Hay tanta información, tanto para procesar. El camarero aparece con nuestros platos: bacalao negro, espárragos y puré de papas con una salsa holandesa. Nunca me había sentido menos que la comida.

—Espero que te guste el pescado —dice Justin suavemente.

Apuñalo mi comida y tomo un largo trago de mi agua con gas. Vehemente deseo que fuese vino.

—Las reglas. Hablemos de ellas. ¿La comida es un tema de discusión?

—Sí.

—¿Puedo modificarlo diciendo que comerás al menos tres veces al día?

—No.No estoy dando marcha atrás en eso. Nadie va a establecer lo que como. Cómo fo.llo, sí, pero comer... no, de ninguna manera.

Aprieta sus labios.

—Necesito saber que no tienes hambre.

Frunzo el ceño.

—Tendrás que confiar en mí.

Me mira por un momento y se relaja.

—Buen punto, señorita Steele —dice en voz baja—. Acepto lo de la comida y el sueño.

—¿Por qué no puedo mirarte?

—Es una cosa de dominación/sumisión. Ya te acostumbraras a ello.

—¿Por qué no puedo tocarte?

—Porque no puedes.

Su boca se tensa en una rebelde línea.

—¿Es por la señora Robinson?

Me mira con curiosidad.

—¿Por qué piensas eso? —E inmediatamente entiende—. ¿Crees que ella me traumatizo?

Asiento.

—No, ____(tn). Ella no es la razón. Además, la señora Robinson aceptaría esta mi.er.da.

—Así que nada que ver con ella.

—No. Y tampoco quiero que te des placer a ti misma.

¿Qué? Ah, sí, la cláusula de la no masturbación.

—Por curiosidad… ¿Por qué?

—Porque quiero todo tu placer —su voz es ronca, pero determinada.
Oh… no tengo una respuesta para eso.

A veces, sale con lo de “quiero morder ese labio” y otras es tan egoísta. Frunzo el ceño y tomo un mordisco del bacalao, intentando evaluar mentalmente las concesiones de lo que he ganado. La comida, el sueño, puedo mirarlo a los ojos. Él va a ir despacio y no hemos discutidos los limites suaves. Pero no estoy segura de que pueda enfrentarlo mientras comemos.

—Te he dado mucho en que pensar ¿no?

—Sí.

—¿También quieres hablar ahora de los limites suaves?

—No en la cena.

Él sonríe.

—¿Escrupulosa?

—Algo así.

—No has comido mucho.

—Ya he tenido suficiente.

—Tres ostras, cuatro mordiscos de bacalao y un tallo de espárragos, no papas, no nueces, no aceitunas y no has comido en todo el día. Dijiste que podía confiar en ti.

¡Por Dios! Ha mantenido un inventario.

—Justin, por favor, es que no todos los días me siento a tener conversaciones como esta.

—Te necesito en forma y saludable, ____(tn).

—Lo sé.

—Y justo ahora, quiero sacarte ese vestido.

Trago saliva. Sacarme el vestido de Kate. Siento un tirón profundo en mi vientre. Los músculos que ahora tengo más acostumbrados se aprietan con sus palabras. Pero no puedo tenerlo. Su arma más potente, usada en mi contra, otra vez. Él es tan bueno en el sexo, me he dado cuenta de eso.

—No creo que esa sea una buena idea —murmuro en voz baja—. No hemos pedido el postre.

—¿Quieres postre? —resopla.

—Sí.

—Tú podrías ser el postre —murmura sugestivamente.

—No estoy segura de ser lo suficientemente dulce.

—____(tn), eres deliciosamente dulce. Lo sé.

—Justin. Usas el sexo como un arma. Esto es realmente injusto —susurro, mirando mis manos y luego mirándolo directamente. Él levanta sus cejas, sorprendido y veo que está considerando mis palabras. Se acaricia la barbilla, pensativamente.

—Tienes razón. Lo hago. En la vida utilizas lo que sabes, ____(tn). Eso no cambia lo mucho que te deseo. Aquí. Ahora.

¿Cómo puede seducirme únicamente con su voz? Realmente estoy jadeando, la sangre caliente corriendo por mis venas, mis nervios vibrando.

—Me gustaría intentar algo —respira hondo.

Frunzo el ceño. Me acaba de dar un montón de malditas ideas para procesar y ahora esto.

—Si fueras mi sumisa, no tendrías que pensar en esto. Sería fácil. —Su voz es suave, seductiva—. Todas esas decisiones… todo ese desgastante proceso de pensamientos detrás de ello. ¿Qué es lo correcto para hacer? ¿Debería suceder aquí? ¿Puede pasar ahora? No tendrías que preocuparte por ningún detalle. Eso es lo que yo haría como tu Dominante. Y ahora, sé que me quieres, ____(tn).

Mi ceño se profundiza. ¿Cómo puede saberlo?

—Puedo saberlo porque…

Santa mi.er.da, él está respondiendo mi pregunta no formulada. ¿También es psíquico?

—… tu cuerpo te delata. Estas apretando y juntando tus muslos, estas ruborizada y tu respiración ha cambiado.

O, esto es demasiado.

—¿Cómo sabes lo de mis muslos? —mi voz es baja, incrédula. Están debajo de la mesa por el amor de Dios.

—Sentí el movimiento del mantel y es una suposición calculada, basada en mis años de experiencia. Tengo razón ¿no?

Me sonrojo y miro hacia mis manos. Es por eso que estoy paralizada en este juego de seducción. Él es el único que conoce y entiende las reglas. Soy demasiado ingenua e inexperta. Mi única referencia es Kate y ella no toma ninguna mi.er.da de los hombres. Mis otras referencias son todas ficción: Elizabeth Bennett estaría indignada, Jane Eyre muy asustada y Tess accedería, al igual que yo.

—No he terminado mi bacalao.

—¿Prefieres ese frío bacalao que a mí?

Mi cabeza se levanta de golpe y lo miro y sus ojos mieles que queman como plata fundida, con imperiosa necesidad.

—Pensé que te gustaría que acabara mi plato.

—En este momento, señorita Steele, no puedo decirte una mi.er.da por tu comida.

—Justin. No juegas limpio.

—Lo sé. Nunca lo hago.

Mi diosa interior me frunce el ceño. Puedes hacer esto, ella persuade, jugar con el dios del sexo en su propio juego. ¿Puedo? Está bien. ¿Qué se hace? Mi inexperiencia es un albatros alrededor de mi cuello. Cogiendo un poco de espárragos, lo miro y muerdo mi labio. Luego, muy lentamente, coloco la punta del frío espárrago en mi boca y lo chupo.

Los ojos de Justin se amplían sólo un poco, pero me doy cuenta.

—____(tn). ¿Qué estás haciendo?

Muerdo la punta.

—Comiendo mi espárrago.

Justin se mueve en su asiento.

—Creo que estas jugando conmigo, señorita Steele.

Finjo inocencia.

—Sólo estoy terminando mi comida, señor Bieber.

El camarero elige ese momento para golpear y entrar deliberadamente. Mira brevemente a Justin, quien le frunce el ceño pero luego asiente, así que recoge nuestros platos. La llegada del camarero ha roto el hechizo. Y aprovecho este precioso momento de claridad. Tengo que irme. Nuestra reunión sólo terminara de una manera si me quedo y necesito algunos limites después de tan intensa conversación. Así como mi cuerpo pide su toque, mi mente se está rebelando. Necesito alejarme un poco para pensar acerca en todo lo que él ha dicho. Todavía no he tomado una decisión y su atractivo y proezas sexuales no lo hacen nada fácil.

―¿Te gustaría un poco de postre? ―pregunta Justin, siempre un caballero, pero sus ojos todavía arden.

―No, gracias. Creo que debería irme. ―Bajo la mirada hacia mis manos.

―¿Irte? ―Él no puede esconder su sorpresa.

El mesero se va precipitadamente.

―Sí. ―Es la decisión correcta. Si me quedo aquí, en esta habitación con él, me fo.lla.rá. Me pongo de pie, a propósito―. Ambos tenemos la ceremonia de graduación mañana.

Justin se pone de pie automáticamente, revelando años de arraigada cortesía.

―No quiero que te vayas.

―Por favor… tengo que hacerlo.

―¿Por qué?

―Porque me has dado mucho en qué pensar… necesito algo de distancia.

―Podría hacer que te quedaras ―amenaza.

―Sí, podrías fácilmente, pero no quiero que lo hagas.

Pasa su mano por su cabello, mirándome cuidadosamente.

―Sabes, cuando llegaste a mi oficina para entrevistarme, eras toda “sí señor, no señor”. Creí que eras una sumisa completamente natural. Pero francamente, ____(tn), no estoy seguro de que tengas un hueso de sumisa en tu delicioso cuerpo.

Se mueve lentamente hacia mí mientras habla, su voz tensa.

―Puede que tengas razón ―suspiro.

―Quiero la oportunidad de explorar la posibilidad de que lo tengas ―murmura, mirándome directamente. Extiende su mano y acaricia mi rostro, su pulgar recorriendo mi labio inferior―. No conozco otra manera,____(tn). Esto es quién soy.

―Lo sé.

Se inclina para besarme, pero se detiene antes de que sus labios toquen los míos, sus ojos buscando los míos, queriendo, pidiendo permiso. Levanto mis labios hacia los suyos y él me besa y, porque no sé si alguna vez lo besaré de nuevo, me dejo ir, mis manos moviéndose a su propio ritmo y enredándose en su cabello, empujándolo hacia mí, mi boca abierta, mi lengua acariciando la suya. Su mano sujeta mi cuello mientras profundiza el beso, respondiendo a mi ardor. Su otra mano se desliza sobre mi espalda y aterriza en la base de mi columna vertebral mientras me empuja contra su cuerpo.

―¿No puedo convencerte de que te quedes? ―suspira entre besos.

―No.

―Pasa la noche conmigo.

―¿Y no tocarte? No.

Gime.

―Chica imposible. ―Retrocede, mirándome―. ¿Por qué creo que estás diciéndome adiós?

―Porque me voy ahora mismo.

―Eso no es lo que quiero decir y lo sabes.

―Justin, tengo que pensar en esto. No sé si pueda tener la clase de relación que quieres.

Él cierra sus ojos y presiona su frente contra la mía, dándonos la oportunidad de ralentizar nuestras respiraciones. Después de un momento, besa mi frente, inhala profundamente, su nariz en mi cabello y luego me libera, dando un paso atrás.

―Como desee, señorita Steele ―dice, su cara impasible―. Te acompañare al vestíbulo.

Extiende su mano. Inclinándome, tomo mi bolso y pongo mi mano en la suya. Santa mi.er.da, esto podría ser todo. Lo sigo dócilmente por las enormes escaleras y hacia el vestíbulo, mi cuero cabelludo picando, mi sangre bombeando. Este podría ser el último adiós si decido decir no. Mi corazón se contrae dolorosamente en mi pecho. Qué cambio. La diferencia que un momento de claridad puede hacerle a una chica.

―¿Tienes tu boleto de estacionamiento?

Busco en mi bolso y le entrego el boleto que él le da al portero.
―Gracias por la cena ―murmuro.

―Es un placer como siempre, señorita Steele ―dice educadamente, sin embargo, parece inmerso en sus pensamientos, completamente distraído.

Mientras levanto la mirada para mirarlo, guardo su hermoso perfil en mi memoria. La idea de no poder verlo de nuevo me persigue, molesta y demasiado dolorosa para ser contemplada. Se gira repentinamente, bajando su mirada hacia mí, su expresión intensa.

―Vas a mudarte este fin de semana a Seattle. Si tomas la decisión correcta, ¿puedo verte el domingo? ―Suena dudoso.

―Ya veremos. Quizás. ―Suspiro. Momentáneamente, parece aliviado, luego frunce el ceño.

―Hace frío ahora, ¿no tienes una chaqueta?

―No.

Sacude la cabeza con irritación y se quita su chaqueta.

―Toma. No quiero que te enfermes.

Parpadeo hacia él mientras la sostiene para mí y mientras extiendo mis brazos hacia atrás, recuerdo el momento en su oficina cuando deslizó el abrigo en mis hombros, la primera vez que lo conocí y el efecto que tuvo en mí entonces. Ahora ha cambiado, de hecho, es más intenso. Su chaqueta es cálida, demasiado grande y huele a él. Oh Dios mío… delicioso.

Mi auto aparece. La boca de Justin se abre.

―¿Eso es lo que conduces?

Está horrorizado. Tomando mi mano, me lleva afuera. El aparcador sale, me entrega mis llaves y Justin fríamente le entrega un poco de dinero.

―¿Es apto para circular? ―Está mirándome ahora.

―Sí.

―¿Te llevará hasta Seattle?

―Sí. Lo hará.

―¿Sin peligro?

―Sí ―chasqueo, exasperada―. De acuerdo, es vieja. Pero es mía y es apta para circular. Mi padrastro la compró para mí.

―Oh, ____(tn), creo que podemos hacerlo mejor que esto.

―¿Qué quieres decir? ―La compresión aparece―. No vas a comprarme un auto.

Me mira con el ceño fruncido, su mandíbula tensa.

―Ya veremos ―dice herméticamente.

Hace una mueca mientras abre la puerta del conductor y me ayuda a entrar. Me quito mis zapatos y bajo la ventana. Está mirándome, su expresión insondable, sus ojos oscuros.

―Conduce con cuidado ―dice tranquilamente.

―Adiós Justin.

Mi voz está ronca por las lágrimas no derramadas… Caray, no voy a llorar. Le doy una pequeña sonrisa.

Mientras me alejo conduciendo, mi pecho se contrae, mis lágrimas empiezan a caer, ahogo un sollozo. Algunas lágrimas están cayendo por mi cara y realmente no entiendo por qué estoy llorando. Estaba defendiéndome. Él explicó todo. Fue claro. Me quiere, pero la verdad es que necesito más. Necesito que me quiera como yo quiero y lo necesito y en el fondo, sé que eso no es posible. Simplemente estoy abrumada.
Ni siquiera sé cómo catalogarlo. Si hago esto… ¿será mi novio? ¿Seré capaz de presentarlo a mis amigos? Salir a bares, al cine, a jugar bolos incluso, ¿con él? La verdad es que creo que no lo haré. No me dejará tocarlo y no me dejará dormir con él. Sé que no he tenido estas cosas en mi pasado, pero las quiero en mi futuro. Y ese no es el futuro que él concibe.

Qué pasa si digo sí y en tres meses él dice no, que ha tenido suficiente de intentar moldearme como algo que no soy. ¿Cómo me sentiré? Habré invertido emocionalmente tres meses, haciendo cosas que no estoy segura que quiera hacer. Y si entonces él dice no, acuerdo terminado, ¿cómo podría hacer frente con ese nivel de rechazo? Quizás es mejor retroceder ahora con la autoestima que tengo razonablemente intacta.

Pero el pensamiento de no verlo de nuevo es agonizante. ¿Cómo se ha metido bajo mi piel tan rápidamente? No puede ser simplemente sexo… ¿verdad? Seco las lágrimas de mis ojos. No quiero examinar mis sentimientos por él. Estoy asustada de lo que descubriré si lo hago. ¿Qué voy a hacer?

Aparco afuera de nuestro dúplex. No hay luces encendidas. Kate debe estar fuera. Estoy aliviada. No quiero que me atrape llorando de nuevo. Mientras me desvisto, enciendo la malvada máquina y en mi bandeja de entrada hay un mensaje de Justin.


De: Justin Bieber
Asunto: Esta noche
Para: ____(tn) Steele

No entiendo por qué huiste esta noche. Sinceramente, espero haber contestado a todas tus preguntas. Sé que te he dado un acuerdo enorme por contemplar y espero fervientemente que le des a mi propuesta una seria consideración. Realmente quiero hacer este trabajo. Lo tomaremos lentamente.

Confía en mí.

Justin Bieber
Gerente General, Bieber Enterprises Holdings Inc.


Su correo electrónico me hace llorar más. No soy una fusión. No soy una adquisición. Leyendo esto, bien podría serlo. No respondo. Simplemente no sé qué decirle. Me meto en mi pijama, envolviendo su chaqueta a mí alrededor. Me subo a la cama. Mientras me acuesto mirando a la oscuridad, pienso en todas las veces que me advirtió que me mantuviera alejada.
“____(tn), deberías mantenerte alejada de mí. No soy el hombre para ti. No quiero tener una novia. No soy la clase de hombre de corazones y flores. No hago el amor. Esto es todo lo que conozco.”

Y mientras lloro en mi almohada silenciosamente, esta es la última idea a la que me aferro. Es todo lo que sé, también. Tal vez juntos podemos trazar un nuevo curso.