martes, 17 de diciembre de 2013

''50 Sombras de Bieber'' Capítulo 5

Capítulo 5


Kate está feliz.

—Pero ¿qué estaba haciendo en Clayton?

Su curiosidad se cuela a través del teléfono. Estoy en el fondo de la sala de archivo, tratando de mantener mi voz casual.

—Estaba en la zona.

—Creo que es una enorme coincidencia, ____(tn). ¿No crees que estaba allí para verte? —especula.

Mi corazón se tambalea ante la perspectiva, pero es una alegría fugaz. La aburrida y decepcionante realidad es que él estaba allí por negocios.

—Estaba visitando la división de agricultura de la universidad. Está financiando una investigación —murmuro.

—Oh, sí. Le está dando al departamento 2.5 millones de dólares.

—¿Cómo sabes?

—____(tn), soy periodista y he escrito un artículo sobre él. Es mi trabajo saber esto.

—Bueno, entonces, ¿quieres estas fotos?

—Por supuesto que sí. La pregunta es, ¿quién va a hacerlo y dónde?

—Podríamos preguntarle a él en dónde. Dice que se va a quedar en la zona.

—¿Puedes comunicarte con él?

—Tengo su número de teléfono celular.

—El soltero más rico, difícil de alcanzar y enigmático en el estado del Washintong, simplemente te dio su número de teléfono celular.

—Eh... sí.

—¡____(tn)! Le gustas. Sin lugar a dudas.

—Kate, está tratando de ser amable.

Pero a medida que digo las palabras, me doy cuenta de que no es cierto… Justin Bieber no es amable. Educado, tal vez. Y una pequeña voz me susurra: tal vez Kate tiene razón.

Mi cuero cabelludo se eriza ante la idea de que quizás, sólo quizás, tal vez le guste. Después de todo, dijo que se alegraba de que Kate no hiciera la entrevista. Me abrazo con silenciosa alegría, balanceándome de lado a lado, considerando por un breve momento con la posibilidad de que tal vez yo podría gustarle. Kate me trae de nuevo a la actualidad.

—No sé a quién vamos a llevar para hacer la toma. Levi, nuestro fotógrafo habitual, no puede. Está en su casa en Idaho Falls por el fin de semana. Se va a molestar por perder la oportunidad de fotografiar a uno de los empresarios líderes de América .

—Hmm... ¿Qué hay de José?

—¡Buena idea! Pregúntale, él haría cualquier cosa por ti. Luego llamas a Bieber y averigua dónde nos quiere.

Kate es irritantemente arrogante respecto a José.

—Creo que deberías llamarlo.

—¿A quién, a José? —se burla Kate.

—No, a Bieber.

—____(tn), tú eres la que tiene la relación.

—¿Relación? —chillo, alzando mi voz unas cuantas octavas. —Apenas lo conozco.

—Por lo menos lo conociste —dice con amargura—. Y parece que quiere conocerte mejor. ____(tn), sólo llámalo —dice y cuelga.

Es tan mandona a veces. Le frunzo el ceño a mi celular y le saco la lengua.
Apenas estoy dejándole un mensaje a José cuando Paul entra en el almacén buscando papel de lija.

—Estamos un poco ocupados allí, ____(tn) —dice sin brusquedad.

—Sí, bueno, lo siento —murmuro, volviendo a salir.

—Así que, ¿cómo es que conoces a Justin Bieber?

La voz indiferente de Paul es poco convincentemente.

—Tuve que hacerle una entrevista para nuestro periódico estudiantil. Kate no estaba bien. —Me encojo de hombros, tratando de sonar casual pero no lo hago mejor que él.

—Justin Bieber en Clayton. Imagínate —resopla Paul, asombrado. Sacude la cabeza como para despejarse—. De todos modos, ¿quieres ir por un trago o algo esta noche?

Cada vez que está en casa me invita a salir y siempre le digo que no. Es un ritual. Nunca he considerado una buena idea tener una cita con el hermano del jefe, además, Paul es lindo en ese estilo de Chico-Americano-hijo de vecino, pero no es un héroe literario, ni con un mínimo esfuerzo de imaginación. ¿Lo es Bieber?, me pregunta mi subconsciente, con su ceja simbólicamente levantada. Le doy una palmada para que se calle.

—¿No tienes una cena familiar o algo debido a tu hermano?

—Eso es mañana.

—Quizás en otra ocasión, Paul. Tengo que estudiar esta noche. Tengo mis exámenes finales la próxima semana.

—____(tn), uno de estos días, dirás que sí —dice sonriendo, mientras escapo hacia la sala de ventas.

—Yo hago fotos de lugares ____(tn), no de personas —se queja José.

—José, ¿por favor? —le ruego.

Tomando mi celular, paseo por la sala de nuestro apartamento, deteniéndome frente a la ventana a mirar la pálida luz del atardecer.

—Dame ese teléfono. —Kate me quita el teléfono, sacudiendo su sedoso cabello rubio rojizo por encima del hombro— Escucha, José Rodríguez, si quieres que nuestro periódico cubra la entrada de tu show, tomarás esta foto para nosotros mañana ¿Capiche? —Kate puede ser increíblemente difícil.
—Bien. ____(tn)volverá a llamar con la dirección y la hora. Nos vemos mañana. —Cierra la tapa de mi teléfono—Arreglado. Todo lo que necesitamos hacer ahora es decidir dónde y cuándo. Llámalo.

Sostiene el teléfono frente a mí. Mi estómago gira— Llama a Bieber, ¡ahora!

Le frunzo el ceño y busco en mi bolsillo su tarjeta. Tomo una respiración profunda, estabilizante y con los dedos temblorosos, marco el número.

—Eh... ¿Sr. Bieber? Es ____(tn) Steele.

No reconozco mi propia voz, estoy tan nerviosa. Hay una breve pausa. Estoy temblando.

—Señorita Steele. Qué bueno saber de usted. —Su voz ha cambiado.
Se sorprende, creo y suena tan cálido... incluso seductor. Mi respiración se entrecorta y suspiro. Soy consciente de que de repente Katherine Kavanagh me está mirando con la boca abierta y me lanzo hacia la cocina para evitar su escrutinio no deseado.

—Eh… nos gustaría seguir adelante con la sesión de fotos para el artículo.

Respira, ____(tn), respira. Mis pulmones se arrastran en una respiración apresurada.

— Mañana, si eso está bien. ¿Dónde sería conveniente para usted, señor?

Casi puedo escuchar su sonrisa de misterio a través del teléfono.

—Me quedo en el Heathman de Portland. Digamos, ¿a las nueve y media de la mañana?

—Bueno, nos vemos allí.
Estoy toda efusiva y entrecortada… como un niño, no como una mujer adulta que puede votar y beber legalmente en el Estado de Washington.

—Estaré esperándolo, señorita Steele.

Me imagino el brillo perverso en sus ojos grises. ¿Cómo hace para que cuatro pequeñas palabras contengan tantas tentadoras promesas? Cuelgo. Kate está en la cocina y me observa con una mirada de consternación total y absoluta en su rostro.

—____(tn) Rose Steele. ¡Te gusta! Nunca te he visto o escuchado tan, tan... afectada por nadie. En realidad estás ruborizada.

—Oh, Kate, tú sabes que me sonrojo todo el tiempo. Es un riesgo laboral conmigo. No seas ridícula —le suelto. Parpadea, mirándome con sorpresa —muy rara vez saco mis juguetes del coche— y me arrepiento brevemente—. Sólo lo encuentro... intimidante, eso es todo.

—Heathman, figúrate —murmura Kate—. Voy a llamar al manager para negociar un espacio para la toma.

—Haré la cena. Luego tengo que estudiar.

No puedo ocultar mi irritación con ella mientras abro uno de los armarios para hacer la cena.
Estoy intranquila esa noche, dando vueltas y vueltas. Soñando con ojos mieles, overoles, piernas largas, dedos largos y oscuros, oscuros sitios inexplorados. Me levanto dos veces en la noche, mi corazón latiendo con fuerza. Oh, voy a lucir hermosa mañana durmiendo tan poco, me regaño. Golpeo mi almohada y trato de dormir.

***

El Heathman está situado en el corazón del centro de Portland. Su impresionante edificio de piedra marrón se terminó justo a tiempo para la ruptura de finales de 1920. José, Travis y yo estamos viajando en mi escarabajo y Kate está en su CLK, ya que no caben todos en mi coche. Travis es el amigo de José y su ayudante, está aquí para ayudar con la iluminación.

Kate ha logrado conseguir que nos permitan usar una habitación en el Heathman sin costo alguno por la mañana a cambio de un crédito en el artículo. Cuando ella explica en la recepción que estamos aquí para fotografiar al Gerente General Justin Bieber, instantáneamente nos suben a una suite. Una de tamaño regular, sin embargo, ya que al parecer el Sr. Bieber está ocupando la más grande del edificio.

Un ejecutivo de marketing nos muestra la suite… es terriblemente joven y está muy nervioso por alguna razón. Sospecho que es la belleza de Kate y su forma autoritaria lo que lo desarma, porque él es como plastilina en sus manos. Las habitaciones son elegantes, discretas y decoradas con opulencia.
Son las nueve. Tenemos una media hora para arreglarlo todo. Kate está en pleno movimiento.

—José, creo que vamos a hacer la toma contra la pared, ¿estás de acuerdo? —No espera por su respuesta—. Travis, limpia las sillas. ____(tn), ¿podrías pedirle al ama de llaves que traiga algunos refrescadores de ambiente? Y Avísale a Bieber dónde estamos.

Sí, señora. Ella es muy dominante. Pongo los ojos en blanco, pero hago lo que me dice. Media hora más tarde, Justin Bieber entra en nuestra suite.

¡Santa ****! Lleva una camisa blanca, con el cuello abierto y pantalones de franela gris que cuelgan de sus caderas. Su pelo rebelde aún está húmedo por la ducha. Mi boca se seca mirándolo... es tan malditamente caliente. Bieber es seguido dentro de la suite por un hombre de treinta y tantos años, con corte de militar, vestido con un traje oscuro y corbata, que se queda en silencio en un rincón. Sus ojos color avellana nos observan impasibles.

—Señorita Steele, nos encontramos de nuevo.
Bieber extiende su mano y la estrecho, parpadeando rápidamente. Oh mi... él es en realidad, bastante... wow. Mientras sujeto su mano, percibo esa deliciosa corriente que atraviesa e ilumina mi cuerpo, me hace sonrojar y estoy segura de que mi respiración errática debe ser audible.

—Señor Bieber, le presento a Katherine Kavanagh —murmuro, agitando una mano hacia Kate, que se adelanta, mirándolo a los ojos.

—La tenaz señorita Kavanagh. ¿Cómo está? —Le da una pequeña sonrisa, luciendo genuinamente divertido—. ¿Confío en que se sienta mejor? ____(tn) dijo que estaba enferma la semana pasada.

—Estoy bien, gracias, Sr. Bieber.

Le da la mano con firmeza y sin pestañear. Me recuerdo a mí misma que Kate ha estado en las mejores escuelas privadas de Washington. Su familia tiene dinero y ha crecido con confianza y segura de su lugar en el mundo. No asume ningún tipo de basura. Estoy asustada de ella —Gracias por tomarse el tiempo para hacer esto.—Le da una sonrisa amable y profesional.

—Es un placer —responde, volviendo su mirada hacia mí, haciéndome sonrojar otra vez. Diablos.

—Este es José Rodríguez, nuestro fotógrafo —le digo, sonriéndole a José quien me devuelve una sonrisa afectuosa. Sus ojos son fríos cuando mira a Bieber.

—Señor Bieber. —Asiente con la cabeza.

—Señor Rodríguez.

La expresión de Bieber cambia mucho mientras evalúa a José.

—¿Dónde me prefiere? —pregunta Bieber.

Su tono suena vagamente amenazante. Pero Katherine no está dispuesta a dejar que José haga un espectáculo.

—Señor Bieber, ¿podría sentarse aquí por favor? Tenga cuidado con los cables de la iluminación. Y luego tomaremos también algunas de pie. —Lo dirige a una silla colocada contra la pared.

Kenny enciende las luces, encegueciendo momentáneamente a Bieber y murmura una disculpa. A continuación, Travis y yo damos un paso atrás y vemos cómo José dispara su cámara. Toma varias fotografías, pidiéndole a Bieber que se mueva de esta manera, luego de esta otra, que mueva su brazo, que lo baje de nuevo.

Pasando al trípode, José toma varias más, mientras que Bieber se sienta y posa, paciente y naturalmente, durante unos veinte minutos. Mi deseo se ha hecho realidad: Puedo estar de pie y admirar a Bieber de cerca. Dos veces nuestros ojos se encuentran y tengo que alejarme de su mirada turbia.

—Suficientes sentado —dice Katherine de nuevo—. ¿De pie, Sr. Bieber? —pregunta.

Él se pone de pie y Travis se escabulle para quitar la silla. El disparador en la Nikon de José comienza a hacer clic de nuevo.

—Creo que tenemos suficientes —anuncia José, cinco minutos más tarde.

—Grandioso —dice Kate—. Gracias de nuevo, Sr. Bieber. —Le da la mano, al igual que José.

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